Publicaciones

Los materiales informativos ó pedagógicos elaborados por ISCAMEN son libres y gratuitos por lo que podrá conservarlos en su computadora o imprimirlos desde esta página; A continuación el Instituto pone a su disposición los diferentes materiales.

Herramientas de Gestión

Los documentos que se listan a continuación, le permitirán gestionar la información de su cultivo de un modo serio, sistemático y ordenado; de tal modo que pueda comenzar o bien profundizar el manejo integrado de su propiedad siguiendo los criterios de las buenas prácticas agrícolas.

Presentaciones

El ISCAMEN pone a su disposición videos y presentaciones que se listan a continuación, para que puedan ser utilizados en charlas y/o capacitaciones citando la fuente.

– Biología y Manejo de Lobesia Botrana

– Gestión oficial para la recolección, compactado y disposición final de los envases vacíos de agroquímicos

Memorias Institucionales

Anualmente el ISCAMEN sintetiza el trabajo realizado por cada programa en la “Memoria Institucional”, que es remitida a los distintos estamentos de gobierno y a quien lo solicite, se encuentran disponibles en nuestra Sede Central, desde  1997 hasta el presente año.

Materiales Informativos

Muchas de las actividades llevadas adelante por esta institución se encuentran encuadradas en leyes, decretos y disposiciones ya sean provinciales o nacionales.

Según el tema, usted podrá encontrar este tipo de información en el siguiente listado:

Cuadernillos de Capacitación

El ISCAMEN lleva a cabo tareas de control, seguimiento y erradicación en todo el territorio provincial, sin embargo es fundamental contar con el apoyo del sector para alcanzar los resultados esperados. En este sentido, la capacitación de productores y técnicos se convierte en una fuerte componente:

Manuales

En distintas oportunidades el ISCAMEN ha elaborado manuales en conjunto con otras importantes instituciones, por lo que el siguiente listado se encuentra a la venta:

  • Manual Uso Correcto de Pesticidas
  • Conservas Vegetales, guía de aplicación de BPM
  • Manual de Buenas Prácticas Agrícolas (en falta)

Materiales de Difusión

La difusión de los temas centrales que hacen a la sanidad vegetal se torna fundamental, y para ello el ISCAMEN cuenta con aquellas personas comprometidas que se desempeñan en diferentes espacios como por ejemplo escuelas primarias, secundarias ó terciarias; municipalidades, departamentos de extensión y/o de calidad de empresas privadas, etc que pueden contar los siguientes materiales para distribuir según consideren necesario:

Historias y Testimonios

Cada reunión con productores, es un encuentro de saberes que se desarrolla “en relación”. Allí llegamos desde la institución, con lo que somos en lo personal; y en este doble rol -que es uno solo- se juegan miedos y objetivos, amores y expectativas. Usted también puede compartirlas como cartas, historias, fotos o simplemente testimonios comunicándose con difusion@iscamen.com.ar
Algunas expresiones de estas experiencias pueden leerse a continuación:

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Los Guevara estaban en el pueblo y dedicados a la actividad de empaque de frutas desde sus abuelos, para quienes había trabajado la abuela de la María. María era el alma del empaque, un compendio de saberes, experiencia, conocimientos y entusiasmo. Suma de autoridad y respeto, lo que ocurría allí adentro, en el empaque, era casi todo fruto de su hacer y promover.Todas las campañas María enseñaba un gran secreto, que había aprendido de sus mayores, a las chicas que venían al trabajo en sus bicicletas: las frutas del valle eran excepcionales pero había que tratarlas con sumo cariño, su trabajo era muy importante porque sus caricias les aportaban unos sabores y unos colores mágicos, inigualables. En las verdulerías de Brasil las frutas de los hermanos Guevara se vendían más que el pan.

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“Las lluvias no habían  parado en una semana, el campo era un barrial. Juan miró la panza de la María que andaba muy inquieta esa noche, vió que sus cuatro hijos dormían; despacio despertó al mayor; al Juancito y le dijo andá al galpón y arrancá el tractor porque vamos a tener que llegar hasta lo de la comadre Josefina lo más rápido posible. La María ya estaba por parir, iba a dar a luz en la noche más oscura y complicada, tenía esa rara virtud de hacer siempre lo más difícil. Sintió que el Juancito no sólo le había dado arranque sino que lo había sacado del galpón y lo esperaba en la puerta de la casa. Se le mezclaban las sensaciones: estaba asustado, apurado, ansioso y orgulloso del Juancito (había aprendido todo lo que charlaban). Cuidá a los chicos le dijo la María al niño mientras partían en tractor a lo de la comadre. Atravesaron zanjas, bordos, barros y hasta un pequeño río seco que justo esa noche traía agua. A la media hora  llegaron donde estaba la comadre y la María tuvo otro hermoso varón.
Juan agradeció la vida a María, la solidaridad a su comadre y la “lealtad” a su tractor”.

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“Buscaba escaparle a las injusticias, al maltrato y al hambre  transformándose en golondrina. Todos los veranos migraba al valle del buen sol y las uvas maduras, para asistir a los rituales de la cosecha. No volaba solo, siempre iban los suyos a su lado, enfundados en coloridos ponchos y gorros de lana de alpaca. Viaje largo y difícil para gambetear el problema de no ser parte, la subestimación, la falta de trabajo y de la impostura de la desconsideración. Pero a la indigencia le respondían con la prepotencia del trabajo; cíclicamente la pacha mama bendecía con sus frutos aquellos valles ubicados en los confines del imperio incaico y había llegado el tiempo de volar hacia ellos para la recolección. La discriminación era una mala compañera a la que él y los suyos se habían acostumbrado, los acompañaba desde siempre y nunca se habían podido escabullir de su indeseada compañía. Los seguía como una sombra adonde fueran, de tanto andar con ella a cuestas se habían acostumbrado, pero tenían un secreto ancestral, cuando lo deseaban fuertemente se convertían en pájaros y allí en pleno vuelo las sombras no los alcanzaban. Las injusticias no vuelan alto, se arrastran al ras del piso. En las tierras de los buenos vinos había trabajo para hacer.
Él y los suyos eran allí una cuadrilla de cosechadores dispuesta a despojar las parras del último grano maduro, una bandada de golondrinas decidida  a hacer verano; pero las uvas aún no tenían grado y había que esperar un poco. Como era una práctica habitual, fueron a parar a unas  sucias y oscuras barracas, donde a nadie le interesaban las Buenas Prácticas. Desde allí eran transportados en el acoplado de un viejo camión agarrados de las endebles barandas de madera por polvorientos caminos de tierra; aunque el marketing de etiquetas jamás estuviera dispuesto a contar una verdad. Verdadera  fuerza de trabajo era aquella cuadrilla que recolectaba lo frutos sin provocar daños, a una velocidad que nadie podía comprender imaginar; de alguna forma las plantas conocían su secreto, los reconocían y se brindaban en plenitud.
Por alguna extraña razón que ni capataces, ni ingenieros, ni bodegueros podían explicar,  ellos volaban por los viñedos”.

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“Su primer encuentro de capacitación  y nadie a quien recurrir, sólo en un curso de poda ante tantos podadores, debía enseñarles todo lo que aprendió en esos años de estudio pero sabía que ese era un punto difícil porque todos ellos habían aprendido a podar podando, y él a través de libros y filminas; pero las cosas se dieron así y ahí estaba frente a frente con  personajes de los cuales el más joven ya llevaba más de 10 años en la actividad. Había planificado un momento teórico y la parte práctica luego del refrigerio, tenía todo detalladamente planificado. Intuía que ante sus propuestas encontraría alguna resistencia pero luego el saber se impondría y lograría llevar a cabo la valorable tarea de capacitarlos para que modificaran sus erradas conductas. A fin y al cabo el sabía y estaba destinado a mejorar las prácticas y los hábitos de aquellos campesinos. Nunca entendió que se dirigía hacia un encuentro de saberes y que esos ignorantes manejan las tijeras desde sus infancias, que habían marchado de finca en finca con sus padres y estos con sus abuelos. La primera etapa fue de prueba, él  aplicaba el manual del buen capacitador, fingiendo dar participación, fingiendo estar atento, fingiendo más y más ante el sopor generalizado de ellos que lo escudriñaban hasta las entrañas. Por respeto no lo interpelaban; aunque no coincidían en muchas de sus aseveraciones, por respeto  y porque venía de una Facultad, pero no le creían. No lograba romper el silencio asi que decidió dejar que el tiempo transcurriera hasta el refrigerio. Allí vio grupitos que parecían no estar de acuerdo pero eran cordiales y no lo harían sentir mal. Él sin embargo decidió que los haría sentir mal, se enfureció, se creyó superior y decidió que les daría un escarmiento. Cuando llegó la hora de la verdad en el monte frutal eligió al que vio más débil, el que había estado más desatento, el que según su parecer no había aprendido nada y le entregó la tijera de podar para que en público fracasara en ese viejo peral. El joven tomó las tijeras y empezó a contar que de su padre había aprendido esto y aquello y los demás, mayores y menores, comenzaron a explicar que en este caso ellos harían esto o aquello, de tal forma o tal otra y  de repente pudo percibir como los aburridos y desinteresados espectadores de su clase magistral se autocapacitaban con una lógica sin atenuantes. Vio que sabían secretos que él ni se imaginaba y que habían adoptado algunas de sus indicaciones conjugándolas con lo que ya sabían. Se deslumbró ante el  momento mágico del aprendizaje conjunto que como el proceso vital de las plantas se daba naturalmente. Silenciosamente buscó sus cosas en el viejo galpón convertido en efímera aula y se marchó con lo aprendido”

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Mediaba marzo y ya se caía de maduro, nadie vendría a clase por estos días a pesar que el Ministerio había decidido aumentar los días de clase y por lo tanto adelantar la fecha de inicio. En la ciudad la noticia era bien recibida y hasta bien juzgada por mamarrachos comentaristas matinales de radio.
En su  pequeño reducto de la Escuela Rural sin nombre pero con el pomposo número 7-089, Pepe el Director y todo su cuerpo de 3 docentes, charlaban a solas entre mate y mate en esa pequeña salita donde un calendario con un planisferio invertido señalaba otro norte y desde una lámina Billiken, Belgrano y San Martín no competían sino que se abrazaban en Yatasto.
El Pepe entendía perfectamente que los niños fueran a la cosecha con sus padres, es más, por dentro y contra las disposiciones ministeriales lo celebraba; él conocía esa complejidad a la que denominaba cultura y concebía a esos momentos por los que transitaban sus alumnos como impactantes fuentes de aprendizajes permanentes, significativos, aprendizajes de vida.
El había estado ahí cuando niño y sentado en un bordo a la orilla de una acequia, jugando con latitas y hormigas, había visto como su padre tenía la fuerza de 10 hombres y a la carrera volaba por terrenos escabrosos hacia plataformas escarpadas en la cima de una camión encarpado; había visto que este super héroe trabajaba en equipo con su madre y los mayores de la casa. También había sabido de la injusta recompensa económica de la ficha lanzada desde las alturas hacia el interior de un tacho capaz de magullar los hombros más fuertes, los de su padre. Recordó haber leído hace poco, en un folleto de capacitación que la cosecha supone “tratar bien a los frutos” y se le vino a la cabeza la imagen de su madre curando aquel hombro lastimado.
Ya van a venir, les dijo a sus compañeras y aunque en la ciudad no lo entiendan, nuestros chicos también  ya se están educando.

——— 28/08/09

La conocía de siempre, se había criado con esa sensación de miedo que le generaba la posibilidad de su presencia. El suyo no era un miedo propio, lo había heredado; por lo tanto tampoco era un miedo del presente sino un miedo que se remontaba a  épocas lejanas y se actualizaba cada verano. Cuando era muy chico vio como “la piedra “se descargó con toda furia sobre la finca donde su padre llevaba un contrato, lo vio llorar  entre la bruma de la viña y el olor de la fruta en el piso le impregnó todos los sentidos.No entendía muy bien los porcentajes que se discutían sobre el daño causado por la tormenta huracanada que arreció aquella tarde, pero aprendió sobre el sinsentido del esfuerzo y el trabajo robados en pocos minutos, el desamparo, la pequeñez e impotencia humana frente a las fuerzas de la naturaleza. También en aquellos años imborrables aprendió el valor  de la solidaridad cuando vecinos y familiares ayudaron  a levantar lo poco que quedaba en las plantas. Fueron apareciendo familias enteras, grandes y chicos, a  dar esa mano que su padre nunca se cansaría de agradecer.El había sido testigo de todo aquello cuando jugando bajo del parral de la casa vio como el cielo se oscureció de repente y el aullido desconsolado de los perros empezó a presagiar la presencia de la mismísima muerte. El viento frío, relámpagos y rayos; su madre rezando junto a una imagen de la Virgen y  la pétrea figura de su padre mirando al cielo desafiante y soportando altivamente los golpes arteros que el granizo le propinaba, era como si quisiera sufrir en carne propia el dolor de sus uvas. En pocos minutos la descarga fue brutal, iracunda, asesina, poco y nada quedó en pie, ni siquiera su padre que cayó de rodillas en un callejón invadido por el desconsuelo. Como la vida siempre se impone, con el correr del tiempo la viña que es noble y sufrida como el hombre de campo, se repuso. Su familia también superó el trance con hidalguía y esfuerzo, pero las huellas de aquella tormenta quedaron para siempre; para él los veranos eran aterradores.Lo encontró la tarde acodado en el palo de la zapa recordando todo aquello y decidió emprender el camino de regreso a casa donde su esposa e hijos lo esperaban; nuevamente aquella presencia le invadió la piel. Otra vez el miedo brutal y ahí en soledad mientras el cielo se oscurecía vio a la cadavérica muerte paseándose por las hileras disfrazada de cosechadora. En lugar de un pañuelo negro llevaba puesta una chupalla en la cabeza y en sus manos traía tijeras de podar; la vio de frente y los cuencos de sus ojos estaban ocupados por dos grandes bolas blancas de granizo. Supo de inmediato lo que debía hacer, no podía esperar ayuda alguna ante tremendo desafío, su familia y su viña dependían de él.  El tiempo era escaso y decidió poner en práctica el consejo que le había dado el cura del pueblo en aquellos duros días de niñez desconsolada; esa recomendación secreta que el cura negaría haber dado ante el mismo Cristo. Se plantó erguido  frente a la indigna y desató de su cintura una pequeña bolsita de arpillera que lo acompañaba desde aquellos lejanos tiempos y muy despacio fue vertiendo el contenido de granos de sal gruesa en forma de cruz a sus pies; entonces murió la muerte y el cielo se abrió.
Los noticieros de la noche daban cuenta del éxito que la siembra de sales de ioduro de plata habían logrado ante las celdas graniceras, pero el sabía lo que en verdad había ocurrido.

———- 09/10/09

Antes de que los tiempos se pusiesen difíciles y duros, mucho antes de que sus hijos se encontraran perdidos sin un rumbo cierto, ella nació en un costado lejano y oscuro de un universo indescifrable. Muchos creyeron saber quien fue su padre y muchos otros aún creen saberlo y hasta aseguran haberlo visto, pero lo más seguro es que fue fruto de un amor explosivo y fugaz, de esos que generan consecuencias.
Acompañada por el tiempo, fue creciendo de cara al sol  hasta que por fin su cuerpo de agua se tornó habitable y acogedor. De tanto mirarlo se enamoró de ese sol que siempre la acompañó y sin decir una palabra lo conquistó girando eternamente seductora a su alrededor. El se supo amado y la amó hasta entibiarle la piel.
De su vientre húmedo casi mágicamente brotó la vida, ella misma se maravilló ante tamaña cualidad, dar vida era su privilegio exclusivo e irrenunciable. Comprendió que su destino era ser origen. Quizás cualidad divina, quizás fruto del azar, en eso consistía su incomparable originalidad. El se reconoció cocreador pero hay quien asegura que un frío intenso recorrió su cuerpo de fuego ante tanta maravilla.
Brindándose entera y abundante puso su propia vida al servicio de su creación y ese acto de renunciamiento, muchas veces incomprendido y otras tantas ignorado y descalificado, la elevó al espacio de lo sagrado.
Su espíritu joven se fue apagando con los golpes de la vida y de la muerte, por eso hoy se la ve envejecida y cansada, pero en su rusticidad se puede apreciar intacta la belleza y en los pliegues de su cuerpo oscuro se esconde una sabiduría ancestral.
Desde lejos se la ve azul, como una virgen, pero a diferencia de la otra, esta María lucha para que sus hijos no se marchen, no se resigna a entregarlos, cree que todavía es posible un futuro de campo, aún pelea para que no abandonen la finca donde los tuvo y crió sin excesos, con amor,  entre viñas y frutales, de cara al sol.

——–16/12/09

El paisaje lo influía fuertemente, el desierto se le filtraba por los ojos, por los poros, por los pelos. En esa aridez inhóspita con historia de humedal transcurría los días mansamente en compañía de sus padres, los perros, las gallinas y los chivos que eran buena parte del sustento familiar. En el desierto los meses de verano eran especialmente difíciles y a la sombra de un algarrobo pasaba las siestas en soledad. Los pensamientos volaban y la imaginación fluía. Quien allí lo hubiera visto lo habría tomado por loco, pero no era demencia, era sencillamente el vuelo de su imaginación de niño que no conocía de límites ni fronteras. Nada se podía derrochar en ese paraje olvidado de la mano del hombre donde escaseaba todo, menos los sueños.Esa siesta estaba acompañado por sus perros mirando los chivos pastar y pensó que pronto llegaría navidad. Con impecable lógica reflexionó que debía ser por el calor;  seguramente el calor era el motivo por el cual ese gordo barbudo de botas y mangas largas, con tantos nombres distintos, no se arrimaba nunca por esos pagos. Pensó que el pobre tipo  no estaba preparado, era muy blanco y obeso; seguramente no aguantaría ni una hora en el desierto. Los reyes magos eran otra cosa, esos siempre pasaban y aunque jamás dejaran lo que se les pedía, nunca le habían fallado. Pensó que era comprensible, estos tipos andaban en camellos y con esos bichos sí se puede andar por estos caminos y aguantan la falta de agua, se convenció Pensó más, pensó en el pino de navidad y vio los alpatacos a su alrededor, pensó en la nieve y miró con los ojos entrecerrados el sol hirviente de la siesta, pensó en juguetes electrónicos y vio el palito con el que dibujaba figuras en el arenal del desierto. Tanta distancia lo alejaba, tanta distancia no lo hacía indiferente sino que lo enojaba y la bronca que no se podía expresar, tampoco se podía evitar. Comprendió que todo aquello nada tenía que ver con él, con los suyos, con su pueblo y su paisaje. Cosas de otros murmuró por lo bajo. Al atardecer volvió a su casa despacito acompañando a los chivos que solos se metían rápidamente al corral; masticando bronca miró a su alrededor y vio la enramada del corral, las gallinas picotenado el piso, los perros tirados a descansar y a sus padres que lo saludaban desde la puerta del rancho. Miró el crepúsculo en el desierto y entonces intuyó que su lugar en el mundo no era muy distinto a aquel otro lugar que hasta entonces había considerado tan lejano en el tiempo y en la distancia.  Pensó que quizás su mundo, su paisaje  tenía mucho en común con aquel desierto lejano donde en un pesebre la navidad nació.Comprendió que tanto aquí como allá, en este tiempo como en aquel, la felicidad no estaba ligada a la acumulación de cosas y se sintió tranquilo.

Quizá como en aquel otro, en este desierto la dignidad de la vida humilde se resistía al consumo absurdo de los mercaderes y renacía la esperanza de un mundo distinto

 ———–15/01/10

Al octavo círculo del infierno van a dar los huesos de los estafadores pero quizás eso sea puro cuento, lo cierto es que la fruta ya había sido entregada y de los compradores no habían más noticias que un cheque sin fondos de un banco inexistente.
Con la fruta entregó los mejor de sí y sin saberlo se sumergió a profundidades de las sería muy difícil salir.  Se zambulló en un torbellino incesante de culpabilidad que lo agobiaba en la más absoluta soledad.
El fraude arrasó con todas sus noches en vela cuidando las plantas de las heladas, regando a horarios en los que el común de los mortales descansan, con sus sufrimientos inquietantes ante cada amenaza de tormenta y la alegría de haber logrado sortear todas las vicisitudes y haber conseguido una excelente cosecha; todo se esfumó como el humo de aquel camión.
En un primer momento se sintió perdido en un limbo por donde deambulaban otros que también habían sido estafados; almas en pena desconsoladas ante tanta falta de certezas. Víctimas fáciles de los soberbios que los consideraban perdedores poniendo énfasis en juzgarlos a ellos y no a los charlatanes que habían asolado el lugar como la peor de las plagas. No encontró solidaridad sino una especie de alegría por el hecho de que el azar los hubiera salvado en esta oportunidad de jugar esa mala carta.
Buscó ayuda, preguntó, consultó,  caminó territorios que no estaba acostumbrado a caminar y se encontró aún  más solo.  Su orgullo se volvió rastrero y se sintió cada vez más culpable, el artífice de  su propia desgracia y la de los suyos.
Se vendría un año muy duro y no tendría abrigo en el peor de los inviernos. Inmóvil y callado pasó mucho tiempo, quizás  la herida abierta nunca más podría cerrarse. Al sumergirse más y más descubrió los envidiosos que se regocijaban con su desgracia y entonces empezó a despreciar no sólo a los rufianes que habían medrado con su confianza  sino a todos, en los que sólo reconocería maldad de ahora en adelante.
En su propio infierno ni el cielo se salvó de tanto odio. El mal de muchos no lo consolaba porque se reconoció a sí mismo perdedor y asumió el papel. Al deambular inicial le siguió el encierro, en su propia casa y aún más adentro, en su propio ser.  No poder hacer frente a las deudas contraídas, no poder honrar su palabra y el riesgo cierto de perder la vida que hasta entonces había construido se le instaló como una idea de la cual no podía escapar y a la que sólo el vino casero le permitía olvidar. Poco a poco el vino se convirtió en su único compañero.
El alcohol lo volvió violento y las defensas bajas lo enfermaron, sólo fue cuestión de tiempo para que su esposa decidiera lo correcto para el bien de sus hijos.
Siguiendo el ritmo de su dueño, la finca que alguna vez fue un jardín, se fue convirtiendo en un monte abandonado que el miraba deteriorarse cada vez más desde la ventana de su propia celda.
Entre sueños sintió el ruido de tractores, también gritos y voces que quizás ya había escuchado, se asomó a la ventana y pudo reconocer entre la gran cantidad de vecinos y conocidos del pueblo a su propia esposa y a sus hijos, también muchos de los que habían deambulado con el en busca de respuestas y muchos más que no había visto en su vida. Cuando comprendió que estaban luchando para evitar el remate de su finca, por primera vez en mucho tiempo pudo pararse firme, por primera vez en tanto tiempo vio una luz en la infinita oscuridad.
Se quitó las mortajas de la frustración y decidió que ya era tiempo de volver a la tierra.

———- 29/01/10

Te veo totalmente vestida,
Ayer te vi cuando temblaste de frío.
Te veo frondosa, viva, exuberante,
ayer eras sólo una más, a merced del viento y las tormentas.
Nada tenías, solo desnudez y frío,
desnuda eras triste y gris como la tarde.
Vestida tu perfume invita al festín,
Cuerpo ancho de raíces firmes
sin rastros del crudo invierno que pasó.
Ayer vi tu ropaje en el piso
marcando el ritmo de un ciclo eterno.
No lucías ese vestido de  hojas y flores
ni pretendías fructificar un mañana.
Ayer te vi en el mismo lugar
pero no eras la misma cuando temblabas de frío